Cómo conjugar la economía con la salud

07/05/2020

Durante estos días hemos escuchado, en más de una ocasión, la necesidad de elegir entre economía y salud, a la hora de tomar una decisión, como si fuesen términos contrapuestos y no compatibles, de forma que la elección de uno de ellos excluya al otro. Sin embargo, no sólo no son incompatibles sino que son sinérgicos. Es obligación de los líderes, en cuyas manos están los destinos de nuestra nación, hacerlo compatible. Deben buscar fórmulas y tomar decisiones sin demora que permitan asegurar la salud y la economía.

Economia y salud

En todo caso, la disyuntiva entre economía y salud es artificial, tanto en el corto plazo, donde es urgente tomar decisiones que compatibilicen al máximo ambas cuestiones, como en el medio y largo plazo. Una sociedad sana es una sociedad más productiva con menos gasto sanitario y, por tanto, con más recursos para mejorar su sistema de salud, no necesariamente enfocado a posiciones agudas, sino a investigación, prevención de la enfermedad, promoción de la salud y búsqueda de calidad de vida. Todo ello conduce a un círculo virtuoso donde a mayor salud, menor gasto, y menor gasto más recursos para generar más salud. En definitiva: la salud y la economía van de la mano. Pensar lo contrario, supone actitudes simples y cortoplacistas que conducen inevitablemente al fracaso. Si pensamos pues, en término amplios, con una visión integral de la realidad, a través de todas sus facetas y posibilidades, buscando lo que suma sin adoptar actitudes o miradas excluyentes, podemos llegar a conclusiones realmente valiosas.

“Todo ello conduce a un círculo virtuoso donde a mayor salud, menor gasto, y menor gasto más recursos para generar más salud”.

Antes de sugerir algunas conclusiones, hay una previa por la que debemos empezar, a través de un ejercicio de autocrítica: Tenemos un Sistema Nacional de Salud miope. Un sistema excesivamente centrado en la fase aguda, lo que supone un fuerte gasto e importantes ineficiencias. Cierto que lo urgente e importante es salvar vidas, rescatar a las personas de una situación crítica, mejorar la cantidad y calidad de los recursos en esa fase, pero, no cabe duda, por ejemplo, que dedicar fondos a la prevención de la enfermedad, evita o disminuye el impacto de situaciones agudas, y la prueba la tenemos con la pandemia que padecemos. Y lo mismo podemos hablar de potenciar la atención en la fase crónica con mejor seguimiento que evitaría reagudizaciones e incrementos en la calidad de vida. Si hubiéramos sido más previsores, si tuviéramos mejores estructuras y recursos en salud pública y en atención a la fase crónica, se habrían ahorrado importantes dosis de dolor y gasto. Es necesario un gran movimiento de la clase política, de la sociedad civil, de los expertos, de los científicos, que impulsen un Sistema Nacional de Salud fuerte, regido por Instituciones que planifiquen adecuadamente las distintas respuestas del Sistema a una atención integral desde la prevención a la cronicidad, pasando por todas las fases intermedias.

Instituciones independientes sin color político, porque la salud es una cuestión de Estado. Lo que importa es una Salud de calidad eficiente y universal, con independencia de la mano que gestione. Veamos los recursos que tenemos y busquemos la eficiencia dentro de la mayor y leal colaboración posible. Establezcamos los controles necesarios, pero con autonomía de gestión. Trabajemos de la mano con las nuevas tecnologías. Sumemos esfuerzos.

La Sanidad no es gratuita y nunca lo será. Hoy gastamos en nuestra Sanidad pública más de sesenta mil millones. Cantidad que pagamos cada uno de nosotros vía impuestos. Las primeras preguntas que debemos hacernos son: ¿gastamos bien?, ¿podemos hacer lo mismo con menos?, ¿cuáles son los puntos críticos por su ineficiencia?, ¿cómo mejorar la gestión?, ¿cómo crear nuevos recursos que se ajusten mejor a las necesidades?, ¿cómo deben ser esos recursos en general y particularmente a la luz de las nuevas tecnologías? Debemos pensar en mejorar, con la mirada puesta en la innovación. Debemos pensar fuera de la “caja”; ser atrevidos, pensar en fórmulas que permitan afrontar mejor los problemas que tenemos.

Hoy lo urgente es atender la pandemia que sufrimos. Pero de aquí tenemos que aprender para el futuro. Tenemos que extraer toda la experiencia que nos ha traído esta situación, para presentar iniciativas y llevar a cabo profundas reformas con un único fin: mejorar la salud de nuestros conciudadanos. Y no olvidemos, salud es más que ausencia de enfermedad, es calidad de vida.

Hoy desgraciadamente hay mucho ruido interesado. Personas que bien para desviar la atención, o bien para aprovechar las circunstancias en beneficio propio y de su parcial manera de ver el mundo, están creando un ambiente irrespirable donde se echan de menos líderes capaces de unir desde la serenidad, para con una visión global, crear escenarios donde madurar pactos y propuestas de Estado para avanzar en esa Sanidad en la que soñamos.

¿Es posible esa Sanidad? ¿Está al alcance de nuestra mano? Las dos materias primas más importantes las tenemos. Tenemos los recursos humanos, sin cuyo conocimiento y dedicación sería imposible un buen sistema de salud. Unos profesionales que no dejan lugar a dudas sobre su vocación, su valía y formación, comparable con lo mejor de Europa y del mundo. Si a ello le sumamos un gasto público que, hoy por hoy, se sitúa en torno al 6% del P.I.B, cuando la media europea se encuentra en el 7%, no parece que estemos muy lejos.

Si a ello le unimos la posibilidad cierta de que podemos ganar en eficiencia -algo que nadie mínimamente serio puede discutir- no cabe duda de que es posible lograr nuestros objetivos. Pensar en mejorar no significa desconocer que muchos países del mundo envidian nuestro Sistema de Salud. Significa que pese a ser buenos hay un claro margen de mejora que tenemos que recorrer juntos.

Estamos ante una grave crisis económica. Tenemos que relanzar nuestro sistema productivo. El Sector Salud es un claro sector estratégico por dos motivos: genera salud y calidad de vida en nuestros conciudadanos, y al mismo tiempo, es un motor de nuestra economía, con gran capacidad para generar empleo, inversiones y conocimiento de alto nivel. Hagamos que Economía y Salud vayan de la mano.

Alberto Giménez Artés
Presidente de la Fundación Economía y Salud