El futuro del sistema nacional de salud exige su transformación y adaptación con la implantación y el desarrollo de la salud digital.

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28 julio, 2021

El futuro del sistema nacional de salud exige su transformación y adaptación con la implantación y el desarrollo de la salud digital.

09/09/2021

José Ignacio Nieto García.

Área de Planificación de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Abogado. Fue Consejero de Sanidad, y de Sanidad y Servicios Sociales, en la Comunidad de La Rioja.

Nos encontramos en la era digital, lo analógico se ha quedado atrás en numerosos campos de la vida. Todo se está haciendo digital. Nos hemos convertido en digitales. En campos tan importantes como las finanzas, hoy es habitual hacer muchas operaciones, incluso pagos, con nuestro móvil, y se nos hace cada vez más raro ir a la oficina del banco. Lo mismo sucede con la Administración Tributaria o con la de la Seguridad Social. Y en cuanto a las relaciones sociales casi son imposibles sin estas tecnologías. El comercio digital cada vez alcanza a más personas y a más transacciones mediante nuestros dispositivos móviles o a través de cualquier dispositivo con acceso en la red, y así seguiríamos encontrando numerosos ejemplos de esta realidad virtual, en la que estamos inmersos en la era digital.

Pero lo cierto es que a la salud y en general a la organización sanitaria, le está costando más que a otras áreas incorporarse a la digitalización, o quizás sería mejor decir a la transformación digital. En definitiva, que la implantación de la salud digital va más despacio de lo que sería deseable e incluso de lo que resulta necesario.

¿Qué debemos entender o a qué nos referimos cuando hablamos de salud digital?

Hemos partido de que nos encontramos en la era digital, y es fundamental diferenciarla de la era analógica. Esto que es algo que parece no admitir discusión, fundamentalmente se trata de una cuestión puramente tecnológica, pero que ha impregnado nuestra forma de vivir.

La Salud Digital es el resultado que debemos conseguir a través del proceso de transformación digital en el que estamos inmersos.  Es algo fundamental y una premisa imprescindible para hacer realidad el futuro que necesita el Sistema Nacional de Salud. Somos conscientes de que ya empieza a ser una realidad en el presente, aunque todavía tenga una mayor implantación para ir ganando espacio en el futuro inmediato.

La transformación digital alcanza a la medicina en toda su extensión. Es cierto que son numerosos los avances en las nuevas especialidades de la medicina, tanto médicas como quirúrgicas, y también en las diagnósticas. Pero siempre de esa mano de las nuevas tecnologías, de las tecnologías digitales.

Conceptos que marcan esa transformación digital, y que empiezan a formar parte de nuestro lenguaje, y de nuestro actuar cotidiano, a la vez nos marcan el camino del futuro, de lo que es y va a ser nuestra realidad en el campo sanitario y de la salud, en definitiva, de la medicina. Son conceptos todos ellos relacionados con esa Salud Digital que va a ser el faro que nos marque el camino del futuro de la medicina.

¿Qué supone la transformación digital en el campo de la salud?

La digitalización también alcanza absolutamente a todos los ámbitos y a todos los aspectos que tienen que ver con la salud de las personas. A las organizaciones sanitarias, a sus profesionales, a los procedimientos y protocolos, a los datos sanitarios de las personas, a los medios y técnicas de diagnóstico, a la relación médico paciente, a la continuidad asistencial, al derecho del paciente a la información sanitaria y al acceso de sus datos; al acceso al sistema sanitario por todas las personas.

Para tratar de explicarlo con una imagen, sería algo así como pasar del papel al archivo del ordenador, de la historia clínica en una carpeta llena de papeles e informes, a la historia clínica en la red, accesible por todo el sistema sanitario y por el paciente, de la imagen radiológica en acetato a la imagen digital que viaja por esa red. Son solo algunos ejemplos y quizás no los más importantes. Es cierto que algunas de estas cosas ya sucedían en la anterior era analógica, pero tras la digitalización todo surge de una forma mucho más a lo grande, siendo más potentes, cada vez más rápidas, en menor espacio, con menor coste, y con unas posibilidades inmensas respecto a todo lo que se disponía con anterioridad.

Esto ha supuesto tener a nuestra disposición nuevas herramientas, nuevas tecnologías, nuevas fórmulas de comunicación, nuevas plataformas, dispositivos portátiles, sensores ingeribles, aplicaciones móviles de salud, inteligencia artificial, cuidadores robóticos y hasta registros electrónicos, entre otros, que antes eran impensables y que han facilitado logros que resultaban imposibles.

La tecnología sanitaria también está imbuida por la digitalización. Son muchas las especialidades y técnicas clínicas que han adquirido una nueva dimensión. Pensemos en la genética, en la medicina personalizada, donde está cada vez más cerca la posibilidad de obtener una información detallada de cada nivel molecular a partir de una muestra, ya sea un fluido corporal, un tejido o células individuales del mismo. La integración de un amplio abanico de ciencias ómicas capaces de proporcionar una cantidad masiva de información sobre distintos niveles moleculares de nuestro organismo y la relación entre ellos. Ciencias como la metabolómica, proteómica, transcriptómica, epigenómica, la farmacogenómica, y otras muchas ciencias complementarias a la genómica.

Pero a la vez vamos a necesitar almacenar, disponer y tratar toda esa información que estamos produciendo.

¿Podríamos señalar algunas de las herramientas, tecnologías, fórmulas digitales que deberíamos estar utilizando para la salud digital?

Lo primero que hay que decir es que muchas ya se están utilizando, el problema es que se está haciendo a una velocidad y con una intensidad que no son las adecuadas para la transformación digital que con urgencia exige nuestro sistema sanitario, para hacer realidad la implantación de la salud digital.

Vamos a enumerar algunas de ellas, tratando de hacerlo de forma sencilla, que nos ayude a evaluar el alcance y la dimensión de la salud digital.

Las comunicaciones son un elemento importantísimo, no olvidemos la importancia que han adquirido en los últimos 15 ó 20 años las “TIC”, las tecnologías de la información y la comunicación. La revolución en las comunicaciones, abriendo importantes posibilidades hasta ahora ni siquiera imaginadas, nos ha llegado de la mano del “5G”. Junto a la implantación y crecimiento del “cloud” que, sustituyendo a los discos duros, son la nueva forma de almacenar nuestros datos.

El “dato”, palabra mágica sobre la que pivota buena parte de la transformación digital, y que nos lleva directamente al “BIG DATA” que no es otra cosa que un conjunto de datos de gran tamaño y complejidad, procedentes de nuevas fuentes. En la definición de Gartner, dada en 2001 se caracteriza al Big Data por la regla de las tres V que deben cumplir los datos: “variedad”, “volumen” y “velocidad”, a las que se han añadido otras dos “valor y “veracidad”.

El “NLP” (Natural Language Procesing) significa el procesamiento por lenguaje natural, que ayuda a las máquinas a comprender e interpretar el habla y la escritura humana, íntimamente ligado con la Inteligencia Artificial “IA”, o inteligencia computacional. Aplicada al campo de la salud, se basa en la utilización de algoritmos y técnicas de software para predecir la cognición humana a través del análisis de conjuntos de datos médicos. Pero los algoritmos creados por los expertos en el terreno de la salud, son solo la base para analizar datos y recomendar tratamientos.

El “aprendizaje automático” de las máquinas, “Machine Learning”, tiene su base en algoritmos conocidos como redes neuronales. Se trata de un sistema informático modelado en base al cerebro, que forma parte de la Inteligencia Artificial, en la que también hemos de incluir el “aprendizaje profundo”, “Deep Learning”, en el que el software aprende a reconocer patrones en distintas capas, que funcionan independientes pero coordinadas antes de integrar sus resultados. Esta variante es muy útil en la práctica médica y promete transformar el diagnóstico médico.

Otros aspectos tecnológicos importantes a tener en cuenta en este desarrollo de la salud digital como el internet de las cosas “IoT”, conocido por sus siglas en inglés (Internet of Things), que van a constituir la nueva forma de entenderse y relacionarse médicos con pacientes. Los KPI (Key Perfomance Indicator) indicadores claves del desempeño, que nos dan información sobre la eficiencia y productividad de las acciones con el fin de poder tomar decisiones. Los nuevos sistemas para archivar las imágenes médicas VNA (Vendor Neutral Archive) y que van a sustituir a los clásicos PACs al disponer de un importante avance tecnológico que les permite incluir todo tipo de imágenes.

La tecnología de los “wearables” hace referencia a los objetos o dispositivos de uso diario, que llevamos o podemos llevar encima, a los que se incorpora un microprocesador. Colocados en la ropa o accesorios cotidianos o utilizados en la vida diaria permiten intercambiar información a través de internet.

El “chatbot” es un programa informático con el que es posible mantener una conversación y que funciona también mediante inteligencia artificial. Interactúa con el usuario manteniendo conversaciones sencillas, y están en desarrollo alcanzando cada vez niveles más perfeccionados y complejos.

Para terminar, y aunque nuestra enumeración no es en absoluto exhaustiva, queremos señalar los “procesos robóticos”, los “agentes virtuales”, los “pacientes virtuales”, las “biométricas”, el “reconocimiento de voz” o la “toma de decisiones” y la “gamificación” o el “compliance”, que no es otra cosa que el cumplimiento de las normas para evitar riesgos y responsabilidades.

¿Cuál es el estado actual del desarrollo de la salud digital en España y como ha influido el COVID-19?

Antes del año 2019 ya se había empezado a trabajar en este campo en las diversas Comunidades Autónomas, ciertamente a un ritmo más bien lento, y con grandes diferencias entre unas y otras y con un impulso del Ministerio de Sanidad que, en el mejor de los casos, podríamos decir que no era muy decidido ni intenso.

Se había trabajado en aspectos concretos, pero no con proyectos generales en cada Comunidad y mucho menos con carácter de globalidad para el Sistema Nacional de Salud. Salvo cuestiones relacionadas con tarjeta sanitaria y prestación farmacéutica primero, y luego con algunos escarceos de la historia electrónica y de la receta electrónica, poco más podemos encontrar con un carácter general a nivel del SNS. Las necesidades, la imaginación o las posibilidades de cada Comunidad les llevaban a desarrollos propios e independientes del resto, por mucho que las necesidades fuesen las mismas para todos.

La llegada del COVID planteó nuevas necesidades y además urgentes, las soluciones no podían esperar, y sirvió de revulsivo a todos los Servicios de Salud, que se vieron obligados a tomar medidas aceleradamente.  Como había venido sucediendo en épocas anteriores todo esto tuvo lugar sin ninguna coordinación y escasa colaboración entre ellos.

En ese mismo momento el Ministerio de Sanidad impulsó o exigió determinados registros únicos y procedimientos unificados para todas las Comunidades Autónomas para tratar de conocer y controlar la pandemia y gestionar sus efectos y la lucha contra la misma. No obstante, cada Comunidad Autónoma continuó actuando y desarrollando sus medios y gestionándolos con independencia de las demás, aunque aportasen sus datos a los registros nacionales.

Pero las Comunidades Autónomas y sus Servicios de Salud, por la situación creada por la pandemia, y por la necesidad de disponer de nuevas herramientas y servicios para poder prestar asistencia a las personas que la precisaban, se vieron en la necesidad de impulsar el desarrollo de la salud digital, iniciando nuevos proyectos o impulsando otros que tenían iniciados o simplemente planteados.

La evolución en ese año y medio de pandemia ha sido fulgurante. Se han llevado adelante proyectos que encontraban muchas reticencias, impedimentos o incluso manifiesta oposición, en muchas ocasiones, en los años anteriores. Se ha visto que era posible lo que algunos preconizaban como imposible, y que ha pasado a considerarse como normal.

Ha sido, con todo lo triste y trágico que pueda parecer, uno de los efectos positivos de la pandemia. Las líneas en que se ha avanzado pero que deben culminar sus objetivos y hacer realidad la implantación de esa Salud Digital, se han producido básicamente, en los ámbitos que a continuación se señalan.

En plataformas que facilitan el acceso de los ciudadanos al sistema sanitario y a sus profesionales, y a los datos sanitarios de cada uno de ellos.

Estas plataformas a su vez favorecen la relación de los pacientes con los profesionales y de los profesionales entre sí, haciendo posible su atención y seguimiento en la distancia. Desde las consultas telefónicas y la videoconferencia, o a través de la telemedicina que cada vez hace más fácil el acceso y la transmisión de los datos clínicos a través de diversos mecanismos, que facilita el seguimiento de los pacientes y su monitorización en la distancia.

La nube, tanto por la rapidez de las comunicaciones como por la facilidad en la transmisión y almacenamiento de los datos. Es una nueva dimensión que nos permite pasar de lo local a lo global.

Los datos son la parte fundamental, y aunque sea difícil decir qué es la más importante de todo, junto a la nube nos facilitan la información que precisamos, y que debemos almacenar y procesar adecuadamente. Disponer de un buen Big data y utilizar la Inteligencia artificial, y las importantes herramientas que giran alrededor de ella, es imprescindible para la salud digital.

El Big-data es el que nos va a permitir reunir todos los datos relacionados con la salud de cada persona, de orígenes y características muy diferentes, con rapidez, incluso inmediatez, y sin limitaciones, podemos decir que va a ser la forma de tener una historia de salud única y que además puede ser compartida.

Es difícil entender una historia compartida en el Sistema Nacional de Salud si no es a través de estos mecanismos. Primero debería ser única en cada Servicio de Salud, en cada Comunidad Autónoma, después todas ellas compartidas a nivel nacional, y detrás estaría Europa. Los intentos de globalización que hasta ahora se han producido no pasan de compartir algunos informes estandarizados, pero realmente no se comparten los datos.

Los avances de la ciencia médica y de sus especialidades son totalmente dependientes de la digitalización. Solo como ejemplos las ciencias ómicas, la cirugía robótica o el diagnostico por la imagen o en general las telemedicinas muestran esa dependencia.

La seguridad informática y la protección de datos personales, son temas muy importantes pero que merecen su tratamiento en otro momento.

Todo esto no son sino pinceladas de la salud digital; en otros momentos podremos ver cómo pueden y deben influir las mismas en la transformación de nuestro sistema de salud.

No obstante y, para terminar, ¿Dónde está el Futuro?

Sin ninguna duda el futuro es digital, y hablando de sanidad, se trata de lo que venimos llamando Salud Digital.

Debemos tener en cuenta que ya, una parte muy importante de nuestros pacientes, son pacientes digitales. Y nuestros profesionales cuando son digitales, se convierten en profesionales más competentes.

Todavía hay mucho camino que recorrer. Son numerosas y potentes las herramientas que ya están disponibles tecnológicamente pero que todavía no utilizamos. Nuestros pacientes digitales necesitan conocer y utilizar adecuadamente las herramientas que les permiten acceder al sistema sanitario y a su información clínica, pero nuestros profesionales deben estar debidamente formados y cualificados en las técnicas y herramientas de la salud digital, no solo desde el punto de vista clínico y de las tecnologías clínicas y de diagnóstico, sino también y especialmente desde la perspectiva de la transformación digital.

No está siendo igual la implantación de la Salud Digital en el ámbito de la sanidad privada que en el de la sanidad pública. Son ya muchos los casos en que vemos como en el ámbito privado se avanza con mayor rapidez y decisión, lo que debería servir a la sanidad pública como ejemplo y motor. Posiblemente una colaboración entre lo público y privado también sería muy importante y beneficioso para ambos, en este campo.

El futuro del Sistema Nacional de Salud, y los Servicios de Salud de cada una de las Comunidades Autónomas, exige la urgente e inmediata adaptación de sus estructuras, procedimientos y tecnologías para afrontar en profundidad su transformación digital, y así verse inmersos en la Salud Digital, única forma de poder ofrecer a sus pacientes una asistencia de calidad y acorde con los tiempos actuales, a la vez que hacer sostenible en el futuro a nuestro sistema sanitario.