Cómo mejora el ecosistema colaborativo en Sanidad la eficiencia y la salud de la población

12/01/2025.- La sostenibilidad de los sistemas sanitarios se ha convertido en uno de los grandes retos del siglo XXI. En este contexto lleno de desafíos, la cooperación entre profesionales, instituciones, industria, pacientes y administraciones, emerge como un modelo clave para mejorar la salud de la población de manera eficiente y duradera.

Hablamos con Luis Rosado Bretón, ex-Consejero de Sanidad de la Comunidad Valenciana y miembro del Comité Científico de la Fundación Economía y Salud, sobre cómo este enfoque centrado en el intercambio de conocimiento, la innovación conjunta y la coordinación de esfuerzos puede generar soluciones más integrales, equitativas y orientadas a resultados en salud.

 

1. ¿Qué implica el ecosistema mixto en sanidad? ¿Cómo funciona en la práctica la retroalimentación entre los sistemas público y privado?

El ecosistema mixto implica asumir que la sanidad no funciona en dos mundos separados (público y privado), sino como una red interconectada de actores que ya conviven en la práctica. Las administraciones, los hospitales públicos, las empresas privadas, los profesionales, la industria, las aseguradoras y los pacientes participan, con roles distintos, en un mismo objetivo: mejorar la salud de la población de forma sostenible.

No se trata de privatizar ni de estatizar, sino de gestionar bien la convivencia de todos estos actores. El sistema público garantiza equidad y cobertura universal, y el privado aporta flexibilidad, innovación y capacidad de inversión. En la práctica, el sistema funciona cuando hay reglas claras y objetivos bien definidos.

El sector público marca prioridades de salud y estándares de calidad, y el privado desarrolla soluciones, introduce innovación y asume riesgos que el sistema público no siempre puede afrontar.

El debate real no debe centrarse en sistema público contra privado, sino en qué modelo consigue mejores resultados para el paciente y para la sostenibilidad del sistema. Cuando el ecosistema está mal gobernado, genera desigualdades; cuando está bien gestionado, es una palanca clave de sostenibilidad.

 

El ecosistema mixto implica asumir que la sanidad no funciona en dos mundos separados (público y privado), sino como una red interconectada de actores. El debate real no debe centrarse en sistema público contra privado, sino en qué modelo consigue mejores resultados para el paciente y para la sostenibilidad del sistema.

 

2.¿Puede mencionar algún ejemplo de colaboración que aporte valor al conjunto del sistema y cuáles son las barreras o límites de su eficiencia?

Un ejemplo claro es el “modelo Alzira” que, más allá de posiciones ideológicas, fue relevante porque alineó incentivos, riesgo y resultados. El proveedor asumía la atención sanitaria de una población con un presupuesto cerrado, lo que obligaba a centrarse en prevenir, coordinar niveles asistenciales y evitar ingresos innecesarios. Cuando tanto hospital como atención primaria dependen del mismo presupuesto, la eficiencia deja de ser un discurso y pasa a ser una necesidad operativa.

Los principales límites de este modelo no han sido técnicos, sino políticos y culturales. La falta de estabilidad normativa, la desconfianza hacia la colaboración público-privada y la ausencia de evaluaciones independientes por resultados han dificultado que modelos bien diseñados pudieran consolidarse y evolucionar. Al ciudadano no le preocupa quién gestiona, sino cómo lo gestiona.

 

La sanidad privada ayuda a reducir listas de espera y a absorber actividad, pero no sustituye los grandes costes estructurales del sistema público, como la alta complejidad, las urgencias o la formación de profesionales. De forma prudente, podemos decir que el ahorro neto real puede situarse en un rango aproximado del 8–15% del gasto sanitario público, dependiendo del territorio y los servicios.

 

3. ¿Qué estimación haría sobre el ahorro real que la sanidad privada aporta al sistema público? ¿qué variables y costes deberían considerarse para que esa cifra refleje el impacto neto real sobre las arcas públicas?

 No existe una cifra única ni cerrada, y conviene desconfiar de los números rotundos. De forma prudente, el ahorro neto real puede situarse en un rango aproximado del 8–15% del gasto sanitario público, con grandes diferencias según territorios y servicios. La sanidad privada ayuda a reducir listas de espera y a absorber actividad, pero no sustituye los grandes costes estructurales del sistema público, como la alta complejidad, las urgencias o la formación de profesionales.

Para calcular bien ese impacto, hay que ir más allá del gasto directo. Hay que considerar qué costes se evitan realmente, cuáles permanecen aunque la actividad se desplace, el papel del sistema público en formación e investigación, los efectos sobre la demanda y la eficiencia del sistema y el impacto en la presión asistencial. Solo así se puede hablar de impacto real y no de cifras simplificadas.

 

Los conciertos sanitarios ayudan a absorber picos de demanda y reducir listas de espera sin necesidad de invertir en nuevas infraestructuras, y son útiles como herramienta táctica y complementaria, especialmente en procesos de baja y media complejidad.

 

4.Los conciertos sanitarios permiten que pacientes del sistema público sean atendidos en centros privados mediante acuerdos tarifados y estándares pactados. ¿Qué ventajas y desafíos tiene el modelo en términos de eficiencia, calidad y sostenibilidad?

Los conciertos son una herramienta útil para absorber picos de demanda y reducir listas de espera sin necesidad de invertir en nuevas infraestructuras.

  • Calidad, los conciertos pueden mantener niveles asistenciales adecuados si los estándares clínicos, los indicadores de resultados y la trazabilidad del paciente están bien definidos, pero presentan desafíos en continuidad asistencial y homogeneidad de la experiencia del paciente.
  • Eficiencia, permiten un uso óptimo de los recursos, dado que el sistema público paga solo por los servicios efectivamente prestados, evitando costes fijos elevados (personal, mantenimiento, equipamiento) y mejorando la relación coste-beneficio.
  • Sostenibilidad, los conciertos son útiles como herramienta táctica y complementaria, especialmente en procesos de baja y media complejidad.

El riesgo de los conciertos sanitarios aparece cuando se convierten en una solución permanente sin evaluación, porque pueden generar dependencia, fragmentación de la atención o retrasar reformas necesarias dentro del sistema público.

 

La colaboración público-privada puede ser una palanca legítima de eficiencia y sostenibilidad si está orientada a generar valor en salud, el buen gobierno y la planificación a medio y largo plazo, y no si se utiliza únicamente como respuesta reactiva a problemas estructurales no resueltos del Sistema Nacional de Salud.

 

5. Durante la pandemia por COVID se reforzó la colaboración con la sanidad privada para atender la sobrecarga asistencial y reducir listas de espera. ¿Estamos ante un cambio estructural del modelo sanitario o ante una respuesta coyuntural a la presión asistencial? ¿Qué riesgos y oportunidades identifica para la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud en este nuevo escenario?

La pandemia obligó a intensificar la colaboración con la sanidad privada como respuesta a una situación excepcional. Lo que estamos viendo ahora es que esa colaboración se está normalizando en algunas comunidades. Esto abre oportunidades para mejorar la flexibilidad y la resiliencia del sistema, pero también riesgos si no hay una estrategia clara. La clave no es colaborar más o menos, sino colaborar mejor.

Desde la Fundación Economía y Salud, defendemos que no estamos ante una ruptura del modelo, sino ante la consagración de un sistema que ya es mixto en la práctica. La colaboración público-privada puede ser una palanca legítima de eficiencia y sostenibilidad si está orientada a generar valor en salud, el buen gobierno y la planificación a medio y largo plazo, y no si se utiliza únicamente como respuesta reactiva a problemas estructurales no resueltos del Sistema Nacional de Salud.

 

Luis Rosado Bretón es médico especialista en Medicina Intensiva. Ha ejercido como consejero de Sanidad de la Comunidad Valenciana y como director de la Agencia Valenciana de Salud. También ha sido director Gerente del Hospital de San Juan y del Hospital General de Alicante y jefe de Servicio de UCI del Hospital General de Alicante. Desde 2025, es miembro del Comité Científico de la Fundación Economía y Salud.